29/06/2012

II CERTAMEN DE RELATOS CORTOS "CROHNINCOL" . Enhorabona Marta!

ACCU Catalunya quiere dar la enhorabuena a su socia Marta Baulenas i Pey, que ha ganado el 3er Premio en el II Certamen de Relatos Cortos “Crohnincol”, con el relato titulado: “El Okupa”. Publicamos el relato.

ACCU Catalunya quiere dar la enhorabuena a su socia Marta Baulenas i Pey, que ha ganado el 3er Premio en el II Certamen de Relatos Cortos “Crohnincol”, con el relato titulado: “El Okupa”.

Los premios se dieron a conocer el día 5 de mayo de 2012, durante la XXII XXII Convención de ACCU España celebrada en Benidorm (Alicante)

Os recordamos que Marta Baulenas ya ganó el 2º Premio en el I Certamen de Relatos Cortos “Crohnincol” (2011), con el relato titulado: “La gran pregunta” (se puede leer clicando aquí).

Éste es el nuevo relato de Marta:

 “EL OKUPA” por Marta Baulenas  Pey

          He de reconocer que de pequeño, ya estaba siempre metido en líos, pero con todo y eso, gozaba de una relativa benevolencia por parte de los que me rodeaban. Al final, siempre dejaban que me saliera con la mía y eso propició, que despertara ciertas envidias en algunos miembros de la comunidad. Algunos me tachaban de mimado y malcriado. Otros, simplemente, hacían lo posible por evitarme. Pero me daba igual, me consideraba un incomprendido y tarde o temprano, me vengaría de los que me dejaban de lado. Así fue cómo aprendí a sortear los miles de mecanismos, que se oponían a que pudiera moverme libremente por mi mundo. Me alojaría, o más bien, edificaría mis trincheras, en el rincón más escondido e inaccesible que pudiera. Así, dejarían de importunarme. Desde luego, no hay que decir, que con mi inteligencia, previne también, el poder realizar incursiones al enemigo, cuando quisiera y sin ser visto.

          La inevitable guerra, sin embargo, no tardó en hacer acto de presencia. Algunos, incluso se atrevieron a tacharme de cuerpo extraño y maligno. A partir de ahí, no dudaron en querer recluirme, e incluso osaron intentar eliminarme. Pero yo, lo tenía todo controlado. Cada vez que se acercaban a mi guarida, creaba túneles de escape hacia otras direcciones, o recubría las paredes interiores de una materia que hacía que éstas, engrosaran para barrarles el paso. O las estrechaba, para que si  llegaban a entrar, quedaran irremediablemente atrapados.

          De vez en cuando, cuando parecía que se producía una tregua muy larga y me aburría, salía de reconocimiento. Podía hacer tantas cosas para provocarlos… y era tan divertido…Solía coger el ascensor central y me iba  apeando en las diferentes plantas. Normalmente, con pararme en la primera, era suficiente para sacarlos de quicio. Ahí, solía camuflarme entre los obreros de la producción y los encargados de separar los suministros. Vaya lío formaba. Cuando se daban cuenta  ya era demasiado tarde.  Lo cambiaba todo de sitio, los desechos malos pasaban a ser buenos y los buenos los mandaba directamente al sumidero. Luego de haber pasado yo, ya nadie sabía qué era bueno y qué no. Se volvían locos. De todos modos, he de reconocer a favor suyo, que tenían una fuerte organización y no siempre era posible infiltrarse en sus filas. Sin embargo, si esto fallaba y tenía que abortar mis planes, sólo tenía que probar en otra planta. En la planta donde llegaban los suministros, era constructivo intentar accionar el botón de emergencia. ¡Eso sí que era estupendo! La sirena se disparaba y todo el mundo echaba a correr llamando a los bomberos. Me encantaba verlos, corriendo por todos lados con las mangueras listas. A veces, era tanta la confusión, que accionaban el sistema de apagado sin ni siquiera haber vislumbrado el fuego. Luego sí que me reía a carcajadas. En pocos segundos podían provocar un tsunami de proporciones exageradas. Tenia que tener cuidado en apartarme del ascensor, porque ésas olas, salían disparadas hacia arriba, arrastrándolo todo a su paso, como la lava de un volcán.

          Algunas veces, también había subido a las dos plantas superiores. Pero siempre era para resarcirme de un ataque frontal a mi territorio. Y es que, cuando ellos decidían atacar mis posiciones, dejaban a mi pobre zulo muy maltrecho. Incluso yo tenía que alejarme de mis propias defensas, de tan feroces  y efectivas como eran. Me solía parar en la última planta y aunque era muy peligroso rondar por ahí, me escondía entre sus armas blancas más feroces y afiladas y esperaba los momentos de descuido, para mordisquear sin piedad todas sus paredes. Así les causaba heridas que tardaban días en poder restituir.

          Y si con eso no funcionaba, siempre me quedaba el ático. De hecho, era mi lugar preferido. Ahí no tenía que ponerme en peligro. Era más bien una guerra psicológica. Sólo tenía que  intentar volver loco, al jefe de toda la colosal maquinaria. Para eso, tenía múltiples tácticas y estrategias. Una de ellas, era intentar neutralizar y desestabilizar a los millones de nervios que lo protegían. Si conseguía eso, ya tenía media partida ganada. Luego sólo era cuestión de paciencia y grandes dosis de suspicacia, en mis diálogos privados con el todopoderoso. La mayoría de las veces, me bastaba con crearle grandes dudas y meterle grandes dosis de miedo en el cuerpo. Otras en cambio, me divertía más confundirle, hasta el extremo en que ponía a todo su ejército de nervios, en  toque de queda y de punta, nunca mejor dicho…A partir de ahí, toda la maquinaria de las diferentes plantas, se iba al carajo al unísono y yo, podía alzarme vencedor una vez más.

          Oh…¡Qué tiempos más felices aquellos!

          En cambio ahora, todo ha cambiado. Hace mucho tiempo que no logro ganar ninguna batalla y allá dónde voy, me localizan y me expulsan antes de que tenga tiempo de atacar. Tendré que hacer algo al respecto. Iré al ático, a hacerle una visita de cortesía al jefe, aunque sólo sea, para recordarle quién soy, y que sigo estando presente.

          ¡Qué raro! Las puertas están cerradas a cal y canto. ¿Es que se ha ido de vacaciones? Espera, hay una nota pegada en la puerta….Leo:

          Señor Chron y compañías diversas: En la presente le informo que tanto usted como sus secuaces, no podrán entrar más en éstas oficinas. Ni tampoco hablar más con el jefe porque a partir de ahora estará perpetuamente reunido con sus nervios y demás neuronas. Ya no se le podrá  molestar más con tonterías. Que sepa, que tampoco podrá usted, hacer más uso del ascensor, ni podrá visitar cualquier otra dependencia de éste cuerpo, sin autorización del jefe. En cuánto a sus dependencias privadas, sepa que a partir de ahora, pasarán a formar parte del conjunto del cuerpo en completa armonía con él. Y que en un futuro próximo será usted desalojado de ellas, por orden de las autoridades competentes. Si quiere usted, seguir formando parte de éste entramado, tendrá que ser bajo las mismas condiciones que los demás y no tendrá más excusas ni justificaciones posibles. En caso contrario, le aconsejo que meta en una maleta sus pocas pertenencias, como el miedo, la rabia y las ganas de fastidiar y utilice, ahora para usted, el gran sumidero que tenemos a su disposición.

            Muchas gracias.

            La dirección.