18/05/2011

I CERTAMEN RELATOS CORTOS "CROHNINCOL" . Enhorabona Marta!

ACCU Catalunya quiere dar la enhorabuena a su socia Marta Baulenas i Pey, que ha ganado el 2º Premio en el I Certamen de Relatos Cortos “Crohnincol”, con el relato titulado: “La gran pregunta”.
Publicamos el relato.

ACCU Catalunya quiere dar la enhorabuena a su socia Marta Baulenas i Pey, que ha ganado el 2º Premio en el I Certamen de Relatos Cortos “Crohnincol”, con el relato titulado: “La gran pregunta”.

Los premios se dieron a conocer el día 7 de mayo, durante la Asamblea de ACCU España celebrada en Suances (Cantabria).

 Éste es el relato de Marta Baulenas i Pey:

LA GRAN PREGUNTA

Aquella mañana de enero, amaneció nublado, las temperaturas habían bajado notablemente durante la noche, llegando incluso a los 15º bajo 0, lo cual, tampoco era raro en esa región de montaña entre los Pirineos y el macizo del Montseny. La niebla tampoco ayudaba en mucho a que los pobres rayos de sol, que intentaban hacerse un hueco entre las nubes, pudieran derretir el manto de hielo que cubría todo con una capa tímida al ojo, pero resistente e implacable cuando se la miraba más de cerca.

Todo éste conjunto climatológico hizo que Sonia alargara un poco más su tiempo en la cama, metiera el despertador dentro, revuelto entre las sábanas y deseara poder seguir con su sueño un poco más.

Últimamente, o más bien hacía meses, por no decir años, le sacudía una desazón cuando el despertador le interrumpía el sueño, porque sabía que cuando soñaba era valiente , las cosa marchaban siempre bien, podía ser cualquier cosa y el mundo era un lugar maravilloso para vivir y en definitiva se sentía feliz. Pero sobretodo lo más importante: mientras estaba en éste estado de somnolencia, nunca se planteaba la GRAN PREGUNTA, la que invariablemente y sin poder remediarlo, le venía a la cabeza todos los días nada más poner los pies en el suelo.

Pero aquella mañana, entre la modorra, tuvo una idea o más bien un propósito: Intentaría con todas sus fuerzas alejar la GRAN PREGUNTA de su mente y se prometió a sí misma, que en cuanto sus pies tocaran el suelo y en su mente empezara a aflorar ésta, se pondría a cantar, eso sí, bajito, no quería tampoco que empezara a llover, ya que en el fondo creía un poco en los dichos populares que vaticinan lluvia cuando uno desafina. Aunque siguiendo en la misma línea, recordó también un refrán catalán que dice que “qui canta, els mals espanta “ ( quien canta los males asusta ) y eso la animó aún más a perseverar en su promesa.

Así que se levantó de un salto, decididamente y con ganas, entró en el baño y empezó a cantar un tema de AC/DC, “Hells Bells” para despistar a su oído, que siempre estaba alerta a cualquier irregularidad, con campanadas desde el infierno y cuando terminó, evitó dirigir la mirada hacia el wc, dándose prisa a tirar del agua para no fijarse en nada, y sin parar de cantar se metió en la ducha y se concentró en recordar escenas de películas en que el personaje de turno cantaba en la ducha. Fue sorprendente la cantidad de imágenes que vinieron desde Holiwood vía memoria, a su ducha.

Cuando hubo terminado y todavía cantando, fue a vestirse y ésta vez se entretuvo mucho más en el armario, hasta que decidió ponerse un conjuntito que normalmente reservaba para días especiales o de fin de semana, pero aquel martes a su manera era muy especial, sólo porque ella quería que lo fuera, sólo porque de golpe le apeteció que así fuera, y después de vestirse se perfumó con su perfume más caro (el de las ocasiones especiales) y se maquilló un poco, cosa que nunca hacía por una mezcla de pereza y de su manera de ser más bien práctica y no muy femenina.

A partir de ahí y después de prepararse un desayuno especial como el de los hoteles cuando uno está de vacaciones, siguió cantando ésta vez ya, por su Gran Camarón, con su mítica “volando voy”, pero interiormente, no fuera que cuando saliera a la calle se la quedaran mirando y la tacharan de “quilla”, porque en éstos tiempos o cantas por Shakira o no estás a la onda.

Subió al coche y sin rezar para que encendiera, tuvo una grata sorpresa cuando arrancó a la primera, se puso un CD de Manu Chao y se fue cantando a todo pulmón y encima en francés, que aquel día se sentía muy chula.

Llegó al trabajo repartiendo los buenos días con una gran sonrisa y notó que hasta los compañeros más aletargados le agradecían ése buen humor, saliendo de su ensimismamiento matutino. Intentó concentrarse sólo en la faena de aquél día, sin preocuparse lo más mínimo porque llegara la hora de descanso para poder llegar primera al servicio. Se colocó los cascos y se puso a escuchar una emisora de música clásica que la llevó inmediatamente a sumergirse en un lago en el que ella era un cisne fantástico y sus plumas brillaban tanto que daban envidia al sol. Cuando a media mañana sintió que su barriga empezaba a emitir unos sonidos un poco sospechosos, no se deprimió, subió el volumen en la radio y así poco a poco se fue olvidando de ellos, que hicieran lo que les viniera en gana sus intestinos, ella todavía era un cisne y éstos no tienen ésta clase de problemas. Al mediodía empezó a sentir un fuerte dolor en la zona lumbar y las cervicales pero decidió que aquél día no se tomaría ningún analgésico, decidió que no eran más que dolorcillos sin importancia por culpa del trabajo y que ya pasarían cuando por fin acabara el jornal y pudiera descansar un ratito. Cuando tuvo que levantar unas pesadas cajas, se volvió al compañero de al lado en busca de ayuda y no le importó pedírsela. No tenía que sentirse culpable por necesitar ayuda, pensó, que otro día, podía ser también que él la necesitara también y no se preocupó de lo que pensaran los demás. Era su día y quería que fuera perfecto, quería alejar todos sus miedos y ser superoptimista.

A la salida del trabajo, varios compañeros estaban discutiendo la posibilidad de reunirse para hacer una caminata por la montaña al sábado siguiente y al llegar junto a ellos se dio cuenta de que a ella no la invitaban, pero en vez de pensar de que no la querían y de que pasaban de ella, y en vez de irse disimulando y cohibida, decidió preguntarles si podía apuntarse también. Se sorprendió de que lejos de incomodarles, la pregunta más bien les alegraba, estarían encantados de que fuera con ellos, no se lo habían propuesto antes, porque sabían que para ella, ésas cosas a veces le resultaban muy duras y entendió, que cuando a los amigos muchas veces se les dice que no, o se los deja plantados un par de veces, ya no se preocupan más de invitarte y no podía culparles, estaba en sus manos cambiarlo, no en la de ellos. Porque al fin y al cabo, se dijo, si no podía subir la montaña entera, siempre podía quedarse sentadita en un recodo, disfrutar de la naturaleza y esperarles tranquilamente sin ninguna clase de miedo a lo que pudieran pensar.

Con éste ánimo, decidió también, que ésa noche podía llamar a Celia y salir al cine y a tomar una copa, ya estaba bien de no salir nunca, sólo por la preocupación constante de que si no descansaba mucho, en el trabajo no rendiría. En el día de mañana que pasara lo que tuviera que pasar, al fin y al cabo, si tenía que ponerse malita, se pondría igual, tanto si salía como sí no, tanto si comía un bocata como si comía pescado en casa. ¡¡¡¡Fuera miedos!!!

Y así fue como siguió pasando el día, entre canciones y esfuerzo personal para controlar la mente y no caer en las mismas depresiones de siempre.

Cuando por fin se metió en la cama, contenta y satisfecha de sí misma, se puso para relajarse a uno de sus autores favoritos para dormir, y sonrió cuando Lluís Llach le cantaba que “aprender, para saberse desprender, que ése era el viejo secreto”, ¡que razón tenía!

Y ya estaba medio dormida, cuando de pronto, al bajar sus defensas mentales, que todo el día había controlado tan bien, se le vino a la mente LA GRAN PREGUNTA.

Y entonces se destornilló de risa, porque a es hora, a quién podía importarle ya. Le daba completamente igual preocuparse por: ¿QUÉ ES LO QUE ME VA A DOLER HOY? 

MARTA BAULENAS I PEY